Ensayo · En escritura
Estados de ánimo y depresión
La sensibilidad y el método para sanar a través del arte, la cultura y la vida
Título y subtítulo provisionales
Félix Larriba Catalán
Un libro sobre los estados de ánimo y la depresión que combina reflexión, autoayuda y el desarrollo de un método propio, con la sensibilidad como eje del planteamiento. Explora diferentes maneras de relacionarnos con nuestros estados de ánimo y la posibilidad de participar activamente en su transformación.

Sobre este proyecto
Estados de ánimo y depresión nace de una pregunta que me ha acompañado durante años: hasta qué punto podemos participar activamente en nuestros estados de ánimo y aprender a relacionarnos con ellos de una manera que nos ayude no solo a disminuir el sufrimiento, sino también a vivir de una forma más plena.
Este libro no nace únicamente de una reflexión personal. Detrás hay más de dos décadas de formación y experiencia como psicólogo y psicoterapeuta, y un recorrido profesional en el que he ido integrando distintas formas de comprender y acompañar el sufrimiento humano.
La logoterapia ha ocupado un lugar especialmente importante en ese camino y en mi manera de comprender la relación entre sufrimiento, libertad, valores y sentido. A ella se han ido sumando el trabajo con el trauma y EMDR, mindfulness, la psicología energética, la hipnosis clínica reparadora, las constelaciones desde una perspectiva sistémica y otras herramientas y modelos que he ido incorporando a una concepción integradora de la psicoterapia.
Durante estos años he acompañado a personas atravesando depresión y otros estados de ánimo, ansiedad, experiencias traumáticas, bloqueos emocionales, conflictos personales y familiares, crisis vitales o momentos en los que aquello que estaba en juego no era solamente dejar de sufrir, sino encontrar nuevamente una dirección y un sentido para sus vidas.
La formación y la práctica clínica me han proporcionado conocimientos, modelos y herramientas, pero las personas a las que he acompañado me han enseñado también algo difícil de encontrar únicamente en los libros: no existe una sola manera de atravesar el sufrimiento. Aquello que ayuda a una persona a recuperar movimiento puede no ser lo mismo que ayuda a otra. Y, junto a las técnicas terapéuticas, existen recursos que forman parte de la propia vida y que muchas veces no reconocemos o aprovechamos conscientemente.
Mi experiencia personal ha sido inseparable de esta búsqueda. La música, que estudio y practico como amateur; el teatro, en el que he participado; la poesía, que escribo y que he vivido en ocasiones como un movimiento interior casi terapéutico; el cine, la literatura, el ejercicio, los viajes y el encuentro con otras culturas me han permitido experimentar en primera persona cómo el arte, el cuerpo, la sensibilidad y la cultura pueden participar en nuestra manera de sentir y de estar en el mundo.
Estas experiencias, junto con el contacto con lo sagrado a través de la espiritualidad, han sido una fuente profunda de enriquecimiento y transformación personal, difícil de separar de todo lo que he aprendido a través del estudio. Sin esos años de formación posiblemente tampoco habría podido integrar de una manera tan rica muchas de las experiencias vividas, relacionarlas, interrogarlas y encontrar en ellas nuevos significados. Quizá algunas se habrían quedado únicamente en sensaciones o en recuerdos que, con el paso del tiempo, terminan desvaneciéndose.
Experiencia y conocimiento han ido alimentándose así mutuamente. Lo vivido me ha obligado muchas veces a ampliar o cuestionar aquello que creía saber; el estudio me ha proporcionado lenguajes, conceptos y perspectivas desde los que volver sobre lo vivido y comprenderlo de otra manera. De ese encuentro nace también este libro.
Uno de sus puntos de partida es que un estado depresivo no tiene por qué convertirse en nuestra identidad ni en un puerto de destino. Puede ser también un lugar de tránsito: una escala en la que detenernos, comprender qué nos está ocurriendo, abastecernos de recursos y reparar las naves —nuestro cuerpo y nuestra alma o psique— antes de continuar el camino.
Esto no significa romantizar la depresión ni negar su sufrimiento, y tampoco sustituir los tratamientos que puedan ser necesarios. Significa ampliar la pregunta. Además de preguntarnos qué nos ocurre y cómo podemos aliviar aquello que nos hace sufrir, podemos preguntarnos qué recursos tenemos, qué nos devuelve movimiento, qué despierta nuestra sensibilidad y cómo podemos participar activamente en la relación con nuestros propios estados de ánimo.
El cuerpo y la memoria ocupan aquí un lugar importante. No vivimos nuestros estados de ánimo únicamente en el pensamiento. Los sentimos en la respiración, el movimiento, el cansancio, la tensión, el sueño o la energía. Y algunas experiencias del pasado pueden regresar a través de imágenes, sensaciones, emociones o respuestas que se activan antes incluso de que sepamos conscientemente qué estamos recordando. Aprender a reconocer esos procesos puede ayudarnos a recuperar una posibilidad esencial: recordar sin tener necesariamente que volver a vivir.
De ahí nace la búsqueda de un método propio. No como una receta universal ni como una sucesión rígida de pasos, sino como una forma de reconocer aquello que nos activa o nos hunde, nuestros propios recursos, los caminos por los que la memoria nos devuelve al pasado y las pequeñas decisiones mediante las cuales podemos participar en nuestro estado de ánimo y en la dirección hacia la que queremos conducirlo.
El arte, la cultura y la vida forman parte de ese método. Una canción, una película, un poema, una conversación, el ejercicio, una experiencia estética, un paisaje o un encuentro pueden participar de nuestra relación con aquello que sentimos. No me interesa presentarlos como remedios ni convertirlos artificialmente en técnicas terapéuticas. Me interesa explorar qué sucede cuando aprendemos a reconocerlos como recursos y a incorporarlos conscientemente a nuestra vida.
La sensibilidad ocupa por eso un lugar central. Aquello que puede hacernos especialmente vulnerables al dolor es también aquello que nos permite conmovernos ante una música, una imagen, un poema, un paisaje, una conversación o un encuentro. La pregunta es si podemos aprender a relacionarnos con esa sensibilidad de otra manera y convertirla también en una aliada de nuestra transformación.
Porque sanar no debería significar únicamente volver a funcionar. Podemos trabajar, cumplir nuestras obligaciones y responder a aquello que la sociedad espera de nosotros y, sin embargo, sentir que algo esencial permanece detenido.
Este libro quiere explorar precisamente ese espacio entre aliviar el sufrimiento y recuperar la vida. No solo preguntarnos cómo salir de un estado depresivo, sino cómo volver a sentirnos partícipes de nuestra propia existencia.
Y quizá entonces podamos atrevernos a formular una pregunta diferente:
¿hacia qué vida queremos volver?