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Félix Larriba

Sentido · 4 de septiembre de 2026 · 3 min

No es un puerto de destino

Del libro en proceso «Estados de ánimo y depresión. La sensibilidad y el método para sanar a través del arte, la cultura y la vida»

Un estado depresivo puede llegar a ocupar tantos espacios de la vida que la persona termine identificándose con él.

Un estado depresivo puede llegar a ocupar tantos espacios de la vida que la persona termine identificándose con él.

Ya no dice solamente “estoy atravesando una depresión”.

Puede acabar sintiendo: “yo soy así”.

Pero una persona es siempre mucho más que una definición, un diagnóstico o el estado emocional en el que se encuentra en un determinado momento de su existencia.

Un estado depresivo es una expresión del ser con la que necesitamos relacionarnos, escuchar aquello que puede estar diciéndonos y, cuando llegue el momento adecuado, volver a ponernos en movimiento.

No es un puerto de destino.

Es más bien un lugar de tránsito.

Una escala en la que, en ocasiones, necesitamos detenernos, abastecernos de recursos y reparar las naves: nuestro cuerpo y nuestra alma o psique, como cada uno prefiera denominarla.

Aristóteles distinguía entre aquello que algo es en acto y aquello que puede llegar a ser en potencia. Una semilla es en acto una semilla, pero contiene la posibilidad del árbol cuando encuentra determinadas condiciones para desarrollarse.

La imagen me resulta especialmente sugerente cuando pensamos en el ser humano.

Lo que somos en este momento no agota necesariamente aquello que podemos llegar a ser.

La logoterapia de Viktor Frankl colocó precisamente la cuestión del sentido en un lugar central de la existencia. No como una consigna optimista ni como una obligación de encontrar algo positivo en cada sufrimiento, sino como una pregunta acerca de nuestra relación con la vida, nuestros valores y las posibilidades que todavía permanecen abiertas.

Hay momentos en los que la existencia parece quedar en suspenso. El horizonte se estrecha y resulta difícil imaginar que algo pueda ser diferente.

No sirve entonces decir simplemente que todo irá bien.

El sufrimiento merece respeto.

Pero respetarlo tampoco significa convertirlo en identidad ni concederle necesariamente la última palabra.

Seguimos siendo también posibilidad.

La vida, como la naturaleza, se encuentra en movimiento continuo. Eso no garantiza hacia dónde se dirigirá el cambio ni evita que algunas travesías necesiten ayuda, tiempo o tratamiento.

Pero permite mantener abierta una pregunta fundamental:

¿Es este lugar en el que me encuentro el lugar en el que necesariamente debo permanecer?

Quizá no.

Quizá sea un puerto.

Pero no necesariamente el destino.

Félix LarribaPsicólogo · Psicoterapeuta · Escritor

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