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Félix Larriba

Cuerpo · 4 de septiembre de 2026 · 3 min

El cuerpo tiene su propia inteligencia

Del libro en proceso «Entre la tierra y el cielo»

Durante mucho tiempo hemos tendido a pensar que comprender algo intelectualmente debería ser suficiente para modificar aquello que nos ocurre. Como si trabajando con los procesos cognitivos…

Durante mucho tiempo hemos tendido a pensar que comprender algo intelectualmente debería ser suficiente para modificar aquello que nos ocurre. Como si trabajando con los procesos cognitivos superiores el resto de nosotros tuviera necesariamente que alinearse.

Pero la experiencia cotidiana nos muestra que no siempre sucede así.

Aprendimos a montar en bicicleta de pequeños. Podemos pasar treinta años sin volver a subirnos a una y, si alguien nos pregunta si todavía sabemos hacerlo, quizá respondamos con cierta duda: “De niño montaba en bicicleta, pero no sé si aún me acordaré”.

Desde la memoria narrativa podemos incluso haber olvidado cuándo aprendimos, quién nos enseñó o qué movimientos tuvimos que realizar hasta conseguir mantener el equilibrio.

Sin embargo, nos sentamos de nuevo en el sillín, agarramos el manillar y, casi sin saber cómo, comenzamos a pedalear.

El aprendizaje permanecía allí.

El cuerpo tiene su propia inteligencia.

No toda nuestra historia está disponible en forma de palabras. Algunas experiencias quedan inscritas de otras maneras: en movimientos, sensaciones, respuestas automáticas, emociones o formas de reaccionar que pueden permanecer durante mucho tiempo aunque no sepamos explicar conscientemente de dónde proceden.

Esto adquiere una importancia especial cuando tratamos de comprender la relación entre cuerpo y experiencia psicológica. Hay personas capaces de explicar perfectamente aquello que les ocurre y que, sin embargo, continúan sintiendo en el cuerpo una respuesta diferente a aquello que racionalmente saben.

Comprender no siempre significa transformar.

Quizá una mirada más completa sobre el ser humano necesite atender también a esas formas de conocimiento que no llegan primero mediante el pensamiento ni encuentran necesariamente su expresión inicial en las palabras.

El cuerpo no es únicamente aquello que transporta nuestra mente de un lugar a otro. Participa de nuestra experiencia, aprende, responde y conserva.

Escucharlo no significa atribuirle propiedades misteriosas ni renunciar a aquello que sabemos. Significa reconocer que la experiencia humana ocurre en una relación inseparable entre procesos corporales, emocionales y psicológicos.

Y que, algunas veces, aquello que hemos olvidado explicar continúa siendo recordado de otra manera.

Por el cuerpo.

Félix Larriba — Psicólogo · Psicoterapeuta · Escritor

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