Memoria · 4 de septiembre de 2026 · 3 min
La calle de los recuerdos
Del libro en proceso «Estados de ánimo y depresión. La sensibilidad y el método para sanar a través del arte, la cultura y la vida»
Hay estímulos que tienen la capacidad de activar en nosotros programas aprendidos mucho antes de que podamos detenernos a pensar qué está ocurriendo.
Hay estímulos que tienen la capacidad de activar en nosotros programas aprendidos mucho antes de que podamos detenernos a pensar qué está ocurriendo.
Una imagen, una palabra, un gesto, un olor o una situación aparentemente insignificante pueden actuar como disparadores. Nuestro organismo reacciona y, casi sin darnos cuenta, dejamos de responder únicamente a aquello que está sucediendo ahora.
Siempre me ha resultado útil imaginarlo como un cruce.
Vamos conduciendo hacia algún lugar y llegamos a un semáforo con dos direcciones posibles: podemos continuar hacia delante o desviarnos hacia la derecha.
De repente aparece un estímulo disparador. La luz que permitía seguir hacia delante se vuelve roja y, al mismo tiempo, otra luz verde parece indicarnos que debemos girar.
El programa aprendido puede ser suficientemente potente para hacernos olvidar durante un momento hacia dónde nos dirigíamos.
Y entramos en otra calle.
La calle de los recuerdos.
Esa calle está poblada de imágenes, sensaciones, palabras y experiencias que quedaron vinculadas a situaciones anteriores. A medida que avanzamos por ella aparecen pensamientos y diálogos internos relacionados con aquello que ocurrió. Regresan emociones y sensaciones que pertenecieron al pasado, pero que nuestro organismo puede experimentar con una sorprendente actualidad.
El acontecimiento ya no está ocurriendo fuera de nosotros.
Pero algo de él continúa ocurriendo dentro.
Quizá una parte importante de conocernos consista precisamente en aprender a reconocer esos cruces. Descubrir qué señales hacen que abandonemos el presente y tomemos, casi automáticamente, una dirección conocida.
No podemos borrar nuestra historia, ni tendría sentido hacerlo. Las experiencias que hemos vivido forman parte de nosotros.
Pero reconocer que hemos entrado en la calle de los recuerdos puede permitirnos detenernos, mirar dónde estamos y preguntarnos si queremos continuar recorriéndola de la misma manera.
Porque recordar no significa necesariamente tener que volver a vivir.
Y el pasado puede formar parte de nuestra historia sin seguir decidiendo siempre hacia dónde debemos dirigirnos.
Félix Larriba — Psicólogo · Psicoterapeuta · Escritor
