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Félix Larriba

Intuición · 4 de septiembre de 2026 · 3 min

La intuición y la duda

Del libro en proceso «Sembrando a tientas»

Personalmente creo en la magia de la vida y en el valor de la intuición.

Personalmente creo en la magia de la vida y en el valor de la intuición.

He experimentado en innumerables ocasiones aquello que desde distintos lenguajes se ha intentado nombrar de maneras diferentes: el inconsciente espiritual en la logoterapia, el logos, el daimón de los antiguos filósofos griegos o determinadas formas de conexión descritas por tradiciones filosóficas y espirituales.

Los nombres cambian.

La experiencia permanece como pregunta.

Hay momentos en los que algo parece orientarnos antes de que podamos explicar racionalmente por qué. Una dirección, una decisión, un encuentro o una sensación adquieren una significación que no procede, al menos aparentemente, de un razonamiento consciente.

He aprendido a prestar atención a esas experiencias.

Pero también he aprendido algo igualmente importante: no todo aquello que sentimos como intuición tiene necesariamente el mismo origen ni merece automáticamente nuestra confianza.

Algunas de esas intuiciones pueden responder a deseos, miedos, expectativas, experiencias anteriores o interpretaciones que desconocemos.

Por eso necesito mantenerme atento para discriminar.

Y es precisamente ahí donde la duda se convierte en una aliada.

Dudar no significa negar la intuición.

Puede significar escucharla mejor.

Entre aceptar ciegamente aquello que sentimos y rechazar todo aquello que no podemos explicar existe un espacio mucho más fértil: observar la experiencia, permitir que se manifieste, interrogarla y comprobar qué ocurre cuando la ponemos en relación con la realidad.

Esta actitud se acerca a lo que entiendo como una aproximación fenomenológica personal: partir de aquello que se presenta en la experiencia antes de decidir precipitadamente qué significa.

La intuición puede abrir una puerta.

La razón puede ayudarnos a mirar qué hay detrás.

La experiencia puede enseñarnos si aquella puerta conducía realmente a algún lugar.

No necesito resolver definitivamente qué es la intuición para reconocer el lugar que ha ocupado en mi vida. Tampoco necesito convertir cada coincidencia en una sincronía ni cada sensación interior en una verdad.

Entre la certeza y el escepticismo absoluto queda todavía mucho territorio por explorar.

Quizá sembrar a tientas tenga también algo que ver con eso.

Escuchar.

Observar.

Discernir.

Y permitir que la duda, lejos de convertirse en enemiga de la intuición, nos ayude a distinguir mejor aquello que merece ser escuchado.

Félix LarribaPsicólogo · Psicoterapeuta · Escritor

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